—Usted habla de “recuperar Yerba Buena”. ¿Qué significa?
—Recuperar Yerba Buena no significa volver atrás. Significa recuperar la capacidad del municipio para gobernar, planificar y anticiparse a los problemas.
Yerba Buena creció muchísimo, pero ese crecimiento no siempre estuvo acompañado por infraestructura, servicios y planificación.
Tenemos una ciudad extraordinaria, la más importante del interior, con una enorme actividad comercial y de servicios, pero también con desigualdades territoriales que no podemos ignorar.
Muchas veces parecen dos ciudades, pero es la misma Yerba Buena.
Nuestro desafío es volver a unirla y gobernarla para todos, trayendo un modelo similar al que aplica Osvaldo Jaldo en la provincia.
—¿Qué modelo de gestión propone?
—Propongo algo que denomino humanismo municipal.
Puede parecer un concepto teórico, pero es algo muy concreto: significa colocar a la persona en el centro de cada decisión municipal.
Detrás de un expediente hay una persona. Detrás de una habilitación comercial hay alguien que quiere trabajar e invertir. Detrás de una calle deteriorada hay una familia que todos los días tiene que transitarla. Detrás de una luminaria que no funciona hay un vecino preocupado por su seguridad.
La tecnología, la inteligencia artificial, la digitalización y la modernización son herramientas extraordinarias y debemos incorporarlas. Pero una ciudad inteligente no es solamente una ciudad llena de tecnología: es una ciudad que utiliza la tecnología para vivir mejor.
Eso es humanismo municipal.
—¿Cómo se combina esa sensibilidad social con el equilibrio fiscal?
—Perfectamente. No son conceptos contradictorios.
Creo profundamente en el equilibrio fiscal. Un Estado no puede gastar indefinidamente más de lo que tiene. Administrar responsablemente los recursos públicos también es una obligación ética.
Pero también digo algo con claridad: equilibrio fiscal sí; insensibilidad social, no.
La eficiencia del Estado tiene que servir para mejorar la vida de las personas.
Tenemos que eliminar gastos innecesarios, digitalizar trámites, medir resultados y administrar cada peso como si fuera propio. Pero nunca debemos perder de vista que gobernamos personas y no solamente planillas presupuestarias.
No alcanza con tener las cuentas ordenadas si la vida de la gente está desordenada.
—¿Esa sensibilidad social también debería existir en un municipio como Yerba Buena?
—Especialmente en un municipio.
El municipio es el Estado más cercano al ciudadano. Es donde primero golpea la puerta una persona cuando tiene un problema.
La sensibilidad social no significa asistencialismo permanente. Significa comprender las distintas realidades de nuestra ciudad y generar oportunidades.
Un joven necesita capacitación y posibilidades de conseguir su primer trabajo. Un comerciante necesita que el municipio no le coloque obstáculos innecesarios. Un adulto mayor necesita una ciudad accesible. Una persona con discapacidad necesita poder circular. Una familia necesita servicios públicos de calidad.
La sensibilidad social también es eficiencia, porque una política pública que no entiende a quién tiene adelante termina siendo una mala política pública.
—Usted también habla del “Gran Yerba Buena”. ¿De qué se trata?
—De reconocer una realidad que ya existe.
Yerba Buena no termina administrativamente donde termina el municipio. Existe una dinámica urbana, económica, social y ambiental que vincula permanentemente a Yerba Buena con El Manantial, San Pablo, San Javier, Villa Nougués y las zonas que conforman nuestro entorno metropolitano.
Miles de personas atraviesan diariamente esas fronteras administrativas para trabajar, estudiar, comprar, atenderse o realizar actividades.
Entonces tenemos que empezar a pensar en términos de Gran Yerba Buena.
No estoy hablando de borrar identidades ni autonomías. Estoy hablando de coordinar políticas públicas.
El tránsito no entiende de límites administrativos. El agua tampoco. Los residuos, la seguridad, el transporte y el ambiente tampoco.
—¿Qué políticas podrían abordarse desde esa mirada?
—Muchas. Transporte público, conectividad vial, seguridad en los accesos, gestión ambiental, residuos, infraestructura hídrica y planificación territorial.
Y hay una cuestión fundamental: el cerro San Javier.
No podemos pensar el desarrollo urbano de Yerba Buena separado de la protección ambiental de nuestro entorno. El cerro, las yungas y nuestros cursos de agua forman parte del patrimonio natural que debemos preservar para las próximas generaciones.
Por eso el Gran Yerba Buena también debe construirse sobre una concepción de ecología integral: desarrollo económico, crecimiento urbano y protección ambiental tienen que formar parte de una misma planificación.
—Yerba Buena es una ciudad fundamentalmente comercial. ¿Qué propone para ese sector?
—Yerba Buena es una ciudad netamente comercial y de servicios. Miles de familias viven directa o indirectamente de esa actividad.
Por eso me preocupa profundamente la caída del consumo y el frenazo económico que plantea el Gobierno Nacional que tiene dos candidatos en nuestra Ciudad.
Cuando una familia pierde poder adquisitivo, compra menos. Cuando compra menos, el comercio vende menos. Y cuando el comercio vende menos aparecen problemas para mantener puestos de trabajo.
Desde el municipio tenemos que hacer nuestra parte.
Propongo simplificar radicalmente los trámites, avanzar hacia una Habilitación Express, facilitar inversiones y acompañar a PyMEs y emprendedores.
El municipio tiene que ser un aliado de quien genera trabajo y no una carrera de obstáculos.
—¿Cuál debería ser la prioridad de una próxima gestión?
—Ordenar y planificar.
Yerba Buena ya creció. Ahora tenemos que ordenar ese crecimiento.
Necesitamos planificación urbana de largo plazo. No podemos continuar resolviendo problemas estructurales con parches.
Tenemos que abordar seriamente el tránsito norte-sur, estacionamiento, veredas, agua y cloacas, residuos, transporte, seguridad, crecimiento inmobiliario y protección ambiental.
Mi idea es que Yerba Buena tenga un horizonte de veinte años, independientemente de quién sea intendente.
Gobernar no es solamente administrar el presente. Gobernar es anticipar el futuro.
—¿Qué experiencia tiene para conducir ese proceso?
—He tenido responsabilidades tanto ejecutivas como legislativas y me siento cómodo en ambos ámbitos.
Durante seis años tuve responsabilidades de conducción en ANSES en todo el norte argentino, en una etapa en la que implementamos políticas públicas de enorme impacto como la Asignación Universal por Hijo, la moratoria previsional y Conectar Igualdad.
Fueron políticas que llegaron a cientos de miles de personas y me dejaron una enseñanza que todavía conservo: cuando el Estado tiene objetivos claros, planificación y sensibilidad social, puede transformar concretamente la vida de la gente.
También tuve un paso muy fructífero por la Legislatura de Tucumán. Presidí algunas de sus principales comisiones y pude dejar más de 40 leyes de mi autoría.
Eso me dio dos experiencias complementarias: sé lo que significa gestionar y también sé lo que significa construir consensos.
—Entonces, ¿será candidato a intendente en 2027?
—Tengo vocación de servicio y estoy preparado para asumir responsabilidades, pero no tengo una obsesión por un cargo.
Me siento cómodo tanto en funciones ejecutivas como legislativas.
La candidatura dependerá del perfil que nuestro espacio considere más adecuado para cada responsabilidad y de la estrategia del proyecto provincial que conduce el gobernador Osvaldo Jaldo.
Creo en los proyectos colectivos.
Primero está el proyecto y después los nombres.
Naturalmente tengo ideas, equipos y una visión muy clara sobre el futuro de Yerba Buena. Y si me toca asumir ese desafío, estoy preparado.
—¿Qué significa para usted gobernar Yerba Buena “para todos”?
—Es probablemente la definición más importante.
Cuando uno gana una elección deja de gobernar para quienes lo votaron y empieza a gobernar para todos.
No me interesa preguntarle a un vecino qué piensa políticamente antes de resolverle un problema.
Una calle no tiene ideología. El agua no tiene partido político. La seguridad no distingue entre peronistas, radicales, libertarios o independientes.
Por eso hablo de humanismo municipal.
Podemos pensar distinto, podemos votar distinto y podemos tener historias políticas diferentes. Pero compartimos la misma ciudad.
Quiero una Yerba Buena donde el centro y los barrios tengan servicios de calidad; donde un comerciante pueda invertir; donde un joven encuentre oportunidades; donde nuestros adultos mayores sean cuidados; donde podamos movernos mejor y donde el crecimiento no destruya aquello que hace única a nuestra ciudad.
—Si tuviera que sintetizar su propuesta, ¿cómo la definiría?
—Recuperar Yerba Buena para gobernarla para todos.
Una ciudad moderna pero humana. Eficiente pero sensible. Con equilibrio fiscal pero con responsabilidad social. Una ciudad que incorpore tecnología sin olvidarse de las personas.
Y, fundamentalmente, una ciudad que deje de pensar solamente en sus límites administrativos y empiece a construir una visión estratégica del Gran Yerba Buena.
Tenemos una enorme oportunidad.
Yerba Buena ya creció. Ahora tenemos que ordenarla, integrarla y prepararla para el futuro. Sin dejar a ningún vecino atrás.